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Sala 305

París, colmena de artistas

El Impresionismo y el Cubismo me resultan ajenos. —Marc Chagall, Mi vida 

En mayo de 1911, tras haber pasado por la escuela del pintor ruso Léon Bakst y con el apoyo económico de Maxim Vinaver, mecenas e importante abogado que luchó por la igualdad de derechos para los judíos, Marc Chagall abandona San Petersburgo rumbo a París. Si bien su primer contacto con la modernidad de Cézanne, Manet, Monet o Matisse había llegado de la mano de Bakst, es en la ciudad parisina donde descubre no solo el arte de las primeras vanguardias, sino también a los grandes maestros que poblaban las paredes del Louvre. Antes de dejar Rusia, Chagall pasa una breve estancia en Vitebsk realizando una serie de dibujos de sus familiares, de su ciudad y de la de sus padres, y de Bella Rosenfeld, su prometida; allí crea también un conjunto de pinturas sobre la vida en el “shtelt” (típica villa judía) que representan escenas cotidianas judías con la impronta del arte popular ruso y se caracterizan por un uso libre del color, que Chagall había logrado durante su estancia en San Petersburgo. 

A su llegada a París, vive unos meses en un estudio en Montparnasse, pero pronto se traslada a “La Ruche” (La colmena), donde se concentraba “la bohemia artística de todas las tierras”, en palabras del propio artista. En este gran enjambre de pequeñas habitaciones y estudios de artista baratos entabla amistad con el escritor Blaise Cendrars y los artistas Sonia y Robert Delaunay. Este matrimonio le presenta al poeta Guillaume Apollinaire, que se convertirá pronto en valedor de la obra de Chagall, a la que se referiría como “sobrenatural”. El artista experimenta entonces con los colores, las formas abstractas y geométricas, el movimiento y sus propias ensoñaciones. En los trabajos de esta época, que reflejan la influencia de los “ismos” que le rodean, Chagall narra su mundo personal, compuesto por diferentes universos, que el artista aúna. Al igual que el yidis, la obra de Chagall es un lenguaje de fusión, singular, que no puede percibirse solo como cubista, expresionista, órfico o surrealista, sino que supone una amalgama única de estilos que emplea y transforma para contar su historia. El lienzo París a través de la ventana (1913), pintado desde su estudio de “La Ruche”, es un claro ejemplo de este período en el que su percepción de la ciudad y lo que allí acontece se mezcla con los recuerdos e imágenes de su Vitebsk natal.

Sala 306

De París a Vitebsk, pasando por Berlín

Estoy tumbado entre dos mundos y miro por la ventana.—Marc Chagall, Mi vida

Las personas con las que Chagall se relaciona en París aparecen en su Homenaje a Apollinaire (1913), un cuadro que surge de su admiración por el poeta que le da título, cuyo nombre está escrito en el lienzo junto al del escritor suizo Blaise Cendrars; el del periodista y dramaturgo italiano Ricciotto Canudo, considerado el iniciador de la teoría cinematográfica; y el del galerista y crítico alemán Herwarth Walden. Todos ellos constituyen el círculo más cercano de Chagall, que el pintor plasma en una obra cuyo tema central es el nacimiento de Adán y Eva según la tradición oral judía del Génesis, que afirma que Dios creó al hombre y a la mujer en un solo cuerpo. Las cabezas en esta obra de Chagall también enraízan con la tradición clásica de la obra de Masaccio. 

En 1914 Herwarth Walden invita a Chagall a exponer en su galería Der Sturm y en junio de ese mismo año Chagall inaugura en Berlín su primera gran exposición individual. Hasta entonces había participado en eventos colectivos, como el Salón de Otoño o el Salón de los Independientes, pero en Der Sturm presenta 40 pinturas y 160 dibujos, gouaches y acuarelas pertenecientes a su período parisino, que causarían una gran impresión entre los expresionistas alemanes. Poco después, regresa a Vitebsk para asistir a la boda de su hermana y encontrarse con su prometida, pero el estallido de la Primera Guerra Mundial le atrapa en Rusia durante ocho años de verdadera convulsión y cambio. Chagall nos cuenta lo que vive a través de su producción; sus dibujos, como si fueran xilografías del Expresionismo Alemán, reflejan las consecuencias de la guerra, mientras que en otras obras, de lenguaje más contenido, presenta paisajes, escenas cotidianas, limitadas en formas y colores, que incluyen asociaciones y escalas “lógicas”. No obstante, la imaginación de Chagall vuelve a “volar” cuando representa el amor y su relación con Bella Rosenfeld, como puede verse en El cumpleaños (1915) o Amantes en azul (1914).

Sala 307

Tradición y revolución

Pintaba todo lo que tenía ante los ojos. Pintaba en la ventana, jamás me paseaba por la calle con mi caja de pinturas. —Marc Chagall, Mi vida 

Durante la Primera Guerra Mundial, un gran número de judíos son desplazados, acusados por la Rusia zarista de colaboracionismo. Son años en los que la causa judía y el sionismo encuentran apoyos en la esfera internacional, pero también detractores. En este ambiente de confrontación, Marc Chagall regresa a los temas relacionados con su identidad, el folclore y la etnografía de su pueblo, que trata con el enfoque laico que le caracteriza. Obras destacadas de este período son los judíos en verde, rojo, y blanco y negro, reunidos aquí y pertenecientes a lo que Chagall denominó “Documentos”. Para estas obras, no emplea como punto de partida sus recuerdos, como hacía en París, sino que utiliza todo tipo de motivos y figuras a su alcance: un mendigo, un reloj, un espejo o un vendedor de periódicos, y los colma de significación al añadirles textos en yidis, hebreo o cirílico y elementos como el “talit” (chal judío) o los “Tefilín” (cintas con unas cajitas que contienen textos)

En esta sala también se pueden contemplar dos obras prácticamente idénticas, ambas conocidas informalmente como El rabino, cuya diferencia más destacada son los años transcurridos entre sus respectivas ejecuciones, más de una década. Cuando Chagall estuvo atrapado en Rusia por la guerra, algunos de sus conocidos le dieron por muerto; entre ellos, su galerista berlinés, que vendió a coleccionistas privados gran parte de las obras que Chagall había depositado en Der Sturm en 1914. El artista siempre lamentó la pérdida de aquellas obras, lo que le llevó a volver a pintar algunas de ellas o a realizar a partir de entonces varias versiones de sus piezas predilectas, como Judío en blanco y negro, del que hoy existen tres. 

A raíz de la Revolución rusa de 1905, los intelectuales y las clases altas judías que habían ocupado cargos destacados en las ciudades fueron consiguiendo algunas libertades que, hasta entonces, les habían sido negadas. Chagall entra a formar parte de la Sociedad Judía para el Desarrollo de las Artes, en la que participará activamente tanto mediante exposiciones como recibiendo encargos importantes (entre ellos, los murales para una escuela profesional); también ilustra libros en yidis y realiza por encargo de Alexander Granowsky los decorados del Teatro de Cámara Judío de Moscú. Asimismo, se involucra en importantes eventos, como la muestra de la Jota de Diamantes, y forma parte del sindicato de artistas. Chagall, como otros judíos que veían en la revolución la solución a la ausencia de igualdad, fue un agente activo en las primeras etapas de la nueva Rusia. En 1918 es nombrado Comisario de las artes en Vitebsk, lo que le otorga autoridad sobre los museos, escuelas de arte o cualquier evento artístico de la región. En esta época, mientras reside con su mujer Bella y su hija Ida en su ciudad natal, crea la Escuela de Arte del Pueblo, e invita a artistas como Lissitzky y Malévich a formar parte del cuerpo docente. Los problemas debidos a sus diferencias artísticas y conceptuales no tardan en llegar y, a principios de 1920, Chagall se desvincula del proyecto y abandona Vitebsk, cerrando este decisivo período de su vida.

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